Un espacio confidencial y humano para transitar la espera, los tratamientos y el deseo de ser padres.
La espermodonación: un camino posible hacia la paternidad.
TRATAMIENTOS
Diego Pins
2/18/20263 min read


¿Qué es la Espermodonación?
La espermodonación es la donación de gametos masculinos por parte de un tercero —el donante— para ser utilizados en técnicas de reproducción asistida, como la inseminación artificial o la fecundación in vitro. Es un procedimiento médico consolidado, regulado en la mayoría de los países, y representa una de las respuestas más efectivas ante ciertos diagnósticos de infertilidad masculina. Puede ser utilizada por parejas heterosexuales, parejas de mujeres o mujeres que desean ser madres de manera independiente.
Más allá de su dimensión clínica, la espermodonación abre un diálogo profundo sobre lo que significa ser padre en el mundo contemporáneo. Y es precisamente ese diálogo —el que ocurre hacia adentro, en silencio, muchas veces a solas— el que merece ser acompañado con la misma seriedad con que se aborda el proceso médico.
El camino antes de la decisión.
Llegar a considerar la espermodonación casi nunca es un proceso lineal. Generalmente hay un antes: estudios, resultados difíciles de escuchar, preguntas sin respuesta inmediata. Un diagnóstico de azoospermia, de baja concentración espermática severa o de alguna alteración genética puede llegar de manera abrupta y dejar a un hombre —y a su pareja, si la tiene— en un terreno desconocido.
Ese momento inicial suele estar marcado por una mezcla de emociones que no siempre encuentran palabras: la perplejidad, la tristeza, una forma particular de soledad. Y también, con frecuencia, algo que cuesta nombrar: la vergüenza. No porque haya algo de qué avergonzarse, sino porque la cultura en la que crecimos asoció durante décadas la fertilidad masculina con el valor de un hombre. Esa asociación deja una huella, y cuando el diagnóstico llega, esa huella duele.
Reconocer ese dolor no es un signo de debilidad. Es el punto de partida de un proceso de elaboración que, cuando se transita con acompañamiento adecuado, puede llevar a decisiones profundamente conscientes y a una forma de paternidad extraordinariamente comprometida.
Masculinidad, fertilidad e identidad
Durante generaciones, la masculinidad fue definida, entre otras cosas, por la capacidad de engendrar. "Darle un hijo" a la pareja era parte del imaginario de lo que significaba ser un hombre completo. La sexualidad, la potencia y la fecundidad se entrelazaron en un mismo concepto, como si fueran una sola cosa. No lo son, pero esa confusión cultural tiene consecuencias reales en la manera en que los hombres viven un diagnóstico de infertilidad.
La investigación en psicología de la salud reproductiva muestra que los hombres con diagnóstico de infertilidad tienden a vivir ese proceso con mayor aislamiento que sus parejas, en parte porque socialmente se los prepara menos para hablar de vulnerabilidad, y en parte porque el tema de la infertilidad masculina sigue rodeado de un silencio que lo hace más pesado de cargar.
Lo que la espermodonación interpela, en este contexto, no es solo la biología. Interpela la identidad. Y las preguntas que aparecen no son abstractas ni filosóficas: son concretas, íntimas, y llegan generalmente de noche.
¿Quién soy como hombre si no puedo ser el origen biológico de mi hijo? ¿Seré su padre de verdad? Yo quería que fuera creativo, con ese sentido del humor que siempre caracterizó a mi familia... ¿Lo tendrá? ¿Y si no es así, lo sentiré igualmente como mi hijo, como parte de mi historia y mi legado?
Estas preguntas son legítimas. Merecen ser escuchadas, no apagadas. Y el primer paso para poder transitarlas es animarse a formularlas, a decirlas en voz alta, a no cargarlas solos.
Empezar a poner en palabras todo esto es fundamental: para conocernos a nosotros mismos, para aceptarnos en nuestras dudas y ambigüedades, y para estar en condiciones de tomar las decisiones que sintamos más verdaderas —para nosotros, para nuestra pareja, para la familia que estamos construyendo.
