Un espacio confidencial y humano para transitar la espera, los tratamientos y el deseo de ser padres.
LA PATERNIDAD QUE SE ELIGE
¿Qué le pasa a los varones antes un diagnóstico de infertilidad?
Diego Pins
2/21/20262 min read


Preguntas que nos chocan de frente
Hay preguntas que un diagnóstico de infertilidad masculina instala y que no se resuelven con información médica. ¿Por qué a mi, si siempre fui una persona sana? ¿Cómo será ser padre a través de un tratamiento de fertilidad? ¿Soy menos hombre por esto? Si otros pueden, y los abandonan, yo que lo deseo tanto, ¿por qué esta injusticia? Ahora tenemos que ir a espermodonación, ¿seré su padre de verdad aunque no haya un vínculo biológico? ¿Podré quererlo igual?
Estas preguntas no son señales de que algo está mal en quien las hace. Son, en realidad, señales de que algo muy importante está en movimiento: la identidad de un hombre que está atravesando uno de los procesos más transformadores de su vida y debe aceptar una realidad que no es fácil de digerir. Como varones siempre nos enseñaron que el macho es quien tiene muchos hijos, que para evitarlo es fundamental cuidarnos usando preservativos. Y ahora que lo queremos, que encontramos a la persona perfecta para que nos acompañe en este proyecto, que ambos deseamos y soñamos de manera profunda, pasa esto. Yo no puedo tener hijos.
El duelo que nadie nombra
Antes de llegar a la espermodonación como decisión, muchos hombres atraviesan un momento de duelo: el duelo por la paternidad biológica que no va a ocurrir de la manera que habían imaginado. Este proceso es normal, necesario, y no debe apresurarse.
Poder atravesarlo adecuadamente implica poder reconocer la pérdida sin quedarse atrapado en ella. Implica separar la identidad masculina de la capacidad reproductiva, lo cual no es un ejercicio intelectual sino un trabajo emocional genuino que lleva tiempo y que, en muchos casos, se hace mejor acompañado que en soledad.
Cuando se logra —con el espacio adecuado, con conversaciones honestas, con la paciencia que requiere— lo que aparece del otro lado suele ser una claridad notable: sobre el deseo de ser padre, sobre el tipo de padre que se quiere ser, sobre lo que realmente importa.
Lo que la evidencia muestra
La respuesta más sólida que ofrece tanto la experiencia clínica como la investigación sobre familias construidas con donación es consistente: la paternidad no reside en el material genético. Reside en la presencia, en el compromiso cotidiano, en el vínculo que se construye desde el primer momento en que un hombre decide ser padre, independientemente del camino que lo lleve hasta ahí.
Los estudios sobre el desarrollo de niños nacidos por donación de gametos no muestran diferencias significativas en el apego, la identidad ni el bienestar emocional respecto de otras configuraciones familiares, siempre que el entorno sea amoroso, estable y honesto. La biología no determina el amor. La presencia, sí.
Una paternidad elegida
La espermodonación, en última instancia, es un acto de elección radical. El hombre que decide ser padre por esta vía lo hace sabiendo lo que implica, habiendo transitado preguntas difíciles, habiendo tomado una decisión que no fue automática sino profundamente deliberada.
Eso no lo hace menos padre. En muchos sentidos, lo hace más consciente de serlo.
La paternidad moderna —en toda su diversidad de formas y caminos— está redefiniendo lo que significa criar, amar y acompañar a un hijo. Y en esa redefinición, los hombres que eligen la espermodonación no son la excepción: son parte de una transformación más amplia que entiende que el amor paterno no se hereda genéticamente.
Se construye. Día a día, en cada gesto, en cada presencia, en cada decisión de quedarse.
